lunes, 9 de febrero de 2015

Variación sobre la aurora, el atardecer y el burro azul de la medianoche.


Despacio
tu atadecer sigue al mío
y se transforma en una aurora. Llueve.
Sin apuro las gotas
golpean mi crepúsculo
como tus nudillos llamando a mi ventana. Sin apuro
un caracol avanza por la puerta biselada
y los brillos del otoño se filtran como delgadas sierpes
por las ranuras de la ventana. 


Después te quitarás los zapatos
y subirás al burro azul de la medianoche.

Galoparás entre campanarios desiertos;
 
entre peces que se detienen y que avanzan;
 entre tazas de té y susurros de difuntos
entre   los inmóviles ojos de tu madre;


Después tu sombra cruzará mi lecho
y será tu garganta poderosa
la que cante el dolor que siempre encierra la alborada.
Querré volar cuando te escuche y muy despacio
la luz dorada alumbrará mi cuarto
hasta que el reloj de nácar
anuncie el mediodía colosal

y ahogue y estrangule como a gatos
la tenue silueta de la luna.

Las últimas estrellas.

GOCHO VERSOLARI
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