domingo, 22 de marzo de 2015

...y ya suelta sus perros de silencio.








Tomo un verso
con la yema del índice derecho. Como si fuera
la punta del bigote de un ratón. Lo pongo delicadamente
en la cuarta nube que se detiene sobre tu cabeza
Tomo otro verso. Lo devoro. A un tercero lo coloco en tu vientre
exactamente al norte de tu útero,
como una suerte de embarazo celestial
o profundamente terrenal. 


Y así verso tras verso,
los distribuyo en tus montañas y tus ríos;
en tu arte de cabalgar  silencios
y enredarte en algodones seculares.

¿Qué quedará por último?
La cuna azul de la nada.
 La indolencia del vacío.
El ojo sin pupila;
 la pared blanca;
el buitre translúcido;
la campana que suena sin badajo;
el aullido de la bruja;
la carcajada del basural izquiedo... 


...una fanfarria universal anuncia
que el poema termina
y ya suelta sus perros de silencio.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Alfred Brito






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