martes, 30 de junio de 2015

Escritora Argentina




La vieja dama
se sienta en el orinal del mundo
como en el trono de una reina.
Allí  mastica agua
e insiste en que es literatura.

Al ponerse la tarde,
avanza la anciana
 entre fantasmas de perros desnutridos
y   aquelarres de metáforas silentes.

Un férreo collar de adverbios y adjetivos
rodea su cuello:
 tiara de nietos espectrales
y cuadrados abismos.

Cuando el atardecer se arroja en espirales,
la anciana  deja que sonoras imágenes
con manos y con bocas
 la conduzcan al destierro de la noche.

A veces  se vuelve basilisco
y patea y muerde, y hay sirenas y luces
y hay bomberos con palos y cadenas.

Nadie encuentra la forma de los versos
que la anciana perdiera en un abril
cuando cumpliera treinta años.

 La vieja dama
se convierte en dragón a eso de las cuatro;
entonces sigue masticando agua,
mientras levanta la cabeza y jura a las estrellas
 que hace literatura.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: The old lady by Graphylight

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