jueves, 18 de junio de 2015

Poema Anagógico 125 "...en las laderas azules de mi luna"



En el gran mediodía,
el sol se deslizó fugaz hasta tu boca;
luego de jurarte amor,
pidió que al caer la noche lo esperaras 
en el segundo bosque contando desde el norte.

Al rendir sus aceros el crepúsculo,
te descolgaste de la ventana de tu cuarto.
Sólo estaba la luna y te escondiste
debajo de la copa más frondosa. El sol
llegaría en silencio, te tomaría del talle
y te conduciría al centro de la tierra. 

Luego serán  los  insectos de mitad de la noche:
chispas bamboleantes
atravesando tu ventana
mientras corazones de cigarras 
modulan una cuarta estrella  
desde el volcán apagado del poniente, 


Esperando al sol, caíste en un sueño. La luna,
ya madura en el cielo,
recorrió el camisón blanco que bordara tu madre,
tus cabellos tendidos en el tronco azul,
llegó a tus pies desnudos 
y subió hasta acurrucarse
 debajo de tus sienes.

La noche es un niño gigantesco
que a través de las pestañas ve hervir  lagos
y llorar  ciénagas 
Un ejército de nubes pardas
invade los manantiales 
y tu  bajas descalza la ladera.

De pronto parpadeaste. El sol había llegado.
Escándalo  en el cielo:
descubriendo las cosas, 
el sol estallaba y te ofrecía
 un romance sin sombras
y en el silencio de la aurora 
subiste a la colina,
te desnudaste, 
estiraste el cuello, 
y adelantando senos y blancura
te escurriste entre  frondas de moras
 y amarillas cerezas 


Disuelta en el sol,
te licuas a veces en el atardecer 
donde  tu médula y tu grito
gotean en forma de panes y de peces.
 Entonces,
como una niebla amable y  tibia
te evaporas, te congelas y nievas
en las laderas azules de mi  luna


GOCHO VERSOLARI
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