domingo, 29 de noviembre de 2015

"La Loca" de "Cantigas Herejes"





Con la nada latiendo en tu espalda,
te descalzaste
y corriste colina abajo
por la grama, 
 las piedras 
y el alma. 
Desde entonces
te llamaron la loca
por tu costumbre
de coronarte con mirto y espinillas,
de odiar el calzado y el vestido
y tener sexo con hombres,
con mujeres, con bestias, con objetos;
con el aire de marzo y la luna de abril.

Ahora la noche se abalanza sobre el lago
y tu silueta suspendida
entre la tierra, el cielo y mi mirada.
recorta las estrellas,

Al entibiarse el aire con la primavera,
tu muerte
 empollará los huevos de la vida.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: aerie_by_ntnphoto




José Ignacio Restrepo Con nada latiendo al modo de otros, vigorosamente viva a sus suertes puesta y con la perenne vida como suceso principal, esta Afrodita tuya al oído cosas bellas nos musita....Agradecido Gocho Versolari Poeta, perennemente vivo gracias al cielo...
Ya no me gustaResponder21 horaEditado
Ricardo Iribarren Estimado hermano José Ignacio Restrepo: Tu comentario, que como siempre es un poema en sí mismo, cuestiona el origen de las musas: a veces una de ellas se presenta con el ropaje de Venus. Otras con la locura de Ofelia o con la crueldad de la Gorgona; aveces son las Sirenas, y como Ulises, ordenamos que nos amarren a nuestro esternón para escuchar esas voces que nos desgarran, que nos llaman, pero las ligaduras nos impiden ir hacia ellas. A veces, querido hermano, hay ausencia de musas. Silencio metálico, casi siempre en un amanecer plomizo donde el café sabe a cenizas. Sin embargo las musas nunca se marchan: se trata tan sólo de un repliegue luego del cual regresan con más fuerzas, en una suerte de tropel solitario, donde también nos preguntamos si es una con múltiples máscaras o si realmente forman una multitud.

Un abrazo, compañero de letras y de vida

jueves, 26 de noviembre de 2015

La simetría de este atardecer en las huellas de tus pies desnudos





Del día se han prendido
cuatro monstruos del tamaño
del ojo de una aguja.

No asombran,
no asustan,
pero rezuman una suerte de gelatina deforme
que estremece las cosas,
el viento, el frío;
la misma noche.

Toda la simetría del atardecer
se volcó hace unos segundos
en las huellas de tus pies desnudos,
en tu recorrer  frenético
el sendero de piedra que conduce
del aljibe a la puerta.

Después la noche helada
recordará el big ban con un dejo de nostalgia
mientras un ejército de mendigos
cuelgan de los amaneceres:
lentos; 
demorados,
como la propia muerte.

Gocho Versolari

Ilustración: Duong Cuoq Dihn

Un colibrí se desprende del cielo



Un colibrí se desprende del cielo
como el rasguido de una enorme guitarra
que  entre las nubes
trepa, se tiende, se eleva, se empina
y luego cae blanda,
pesada
sobre el lago en medio de la noche.

Es entonces
cuando escapas descalza de la tibieza de tu esposo
para buscar ensueños en la hierba
y el resplandor del rasguido que no cesa
juega con tus dedos blancos,
se trepa a tus tobillos
y se introduce en tu tendón de aquiles
como una oruga luminosa
que buscara los silencios de tu casa
cuando regresas rayando la alborada
y las constelaciones se hunden en tus huellas
y llora el tren azul del desconcierto
y un olvido centellante se tiende sobre el prado.

En el desayuno jugaremos a las cajas chinas
y veremos la lluvia que cae en la ribera
 mientras los cormoranes preparan lentamente
ese sabor a metal
que emerge de tu garganta
y se hunde en las nieblas del otoño.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: "Cosecha" por Markavgust

Variaciones sobre el recorrido del escabel de las plantas de un gigante




Duele el antro del cielo. Aquel
en que se juegan los antiguos
juegos del azar eterno; donde llueve desde la tierra
y amanece en el oeste. 

Duele el antro del cielo,
aquel que  llevara tus amaneceres
a los vientos azules de una playa 
donde caen las cenizas de la tarde
cuando no escucha
tus  descalzos pasos,
el repicar de los cascabeles 
en tus tobillos;
cuando no emerges simultánea
de la tierra
y de la cuarta nube
para encontrarte con el contorno de ti misma
en el centro de la atmósfera
donde el vacío pretende llenar todos los centros;
donde los profetas se agolpan
y buscan entrar de a miles
en el tallo de una sola rosa. 

Duele el antro del cielo. Recorramos
el escabel de las plantas del gigante
que sueña un mundo gris y descarriado
que es el nuestro.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: dzen_by_advokatstudio

La engomadura de tu alma



Hoy es el primer baño
que las abejas dan a sus colmenas; oye:
prepara la engomadura de tu alma
corriendo descalza por la hierba,
engarbando el ciprés con tus tobillos
en esa costumbre desgarbada
de pisar el cielo
y hundir tu cabeza en los blandos infiernos.

Oye,
te sienten las avispas
como una corola gigantesca
y beben el néctar de los plenilunios
que escapa por los arroyos de tu aorta.

Adelanta tus pies desnudos
que sobre ellos se abalanzan 
las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Aleksandra 88

jueves, 19 de noviembre de 2015

La casa y la nada





La casa, agónica paloma
se pierde en la entresombra del crepúsculo
Lejos ya la mañana
en que adornamos sus paredes
con pendones de vida.
La noche se acerca
y deriva como una barco ciego
hacia los montículos monstruosos,
hacia las sombras ominosas de los mares lejanos.


La casa que construyéramos tan fuerte,
tan inmensa
es una anciana débil a punto de la muerte.
Como el viejo Thor cuando luchara
contra la propia vejez de todo hombre.
Como Hércules que no pudo
contra su propia angustia.


Ahora la casa
se pierde en las esquinas de la luna
se disuelve en los pájaros nocturnos
y la beben
las  luciérnagas 
leves de las tres.

Ya la llevan las sombras, la atenazan.
No importan las luces del cuarto de los niños
ni el humo de mi pipa ni la sonata a Kreuzer
que suena blandamente en los peldaños.
Todo se hundió en la sombra
con graznidos agónicos. Escucho
el ladrido gris del cancerbero;
crucemos la Estigia del insomnio;
crucemos la tormenta silenciosa
que siembra buitres en los arrabales.

La casa no es más que cuatro bloques
en los picos de un ave garuda gigantesca.

Me dices que espere la alborada. Te respondo:
está tan lejos
como el sueño de Nimbautar donde se hundieran tus responsos
como el alma de ese niño
que muriera en tu vientre
cuando la primavera lanzaba discos negros a tu útero.


La casa es sólida; suena la música de Mozart,
pero navegamos en el mar de la nada
oculto en el cantar de las cigarras,
en los insectos adoradores de la luz
que viven en la sombra más profunda
y que llevan los cimientos sobre sus alas
aunque sintamos inmóvil el piso que pisamos.

Entonces te desnudas invocando al sexo
pero mi llanto continúa
tenue, pertinaz: el cencerro de Moloch
y tu cuerpo se abalanza sobre el mío
y te digo que no podemos detener la nada
con los pesados pájaros que emergen de la carne,
con la sombra de Eurídice. No puedo
bajar al Hades porque en él estoy contigo. No comprendes
que es falso el bosque, el rumor del viento. Nos hundimos
en las profundidades de un abismo negro
y esta noche ya no tendrá alborada.

He logrado que llores. Ya no verás la luna,
sino el velo de una novia suicida.
No escucharás el canto de los pájaros,
sino el suspiro de tu niño agónico
y a eso de las cinco haremos un amor acuoso
amasado con sangre invisible que el viento nos aporte
y no habrá árboles redentores ni ángeles, ni cantos
de coros celestiales.

En este punto
surge el sol como una risa súbita
y yo me hundo en un cielo sin estrellas.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: raphaella_glow_by_passiontocreate

lunes, 16 de noviembre de 2015

Si Escucharas Cantar los Alhelíes, la Próxima sería la Noche de tu Muerte...




Sentada en la ribera, 
los pies en la corriente helada,
me dices:
Si escucharas cantar los alhelíes,
la próxima sería la noche de tu muerte...

El verano 
adelanta su piel sedosa. Los alhelíes 
blanquean la tarde y sus contornos  
y por grietas enanas
 se cuelan en los arabescos del tiempo.

Pareces olvidarte de tu profecía
y juegas con un tallo al que masticas.
Se queda una brizna en uno de tus dientes;
me sonríes
mientras ayudas a una hormiga a sostener su carga.

Si escucharas cantar los alhelíes,
la próxima sería la noche de tu muerte...

Quitas los pies del arroyo, te incorporas
y corres por los senderos del bosque;
con un leve gesto del cuello y las caderas,
me invitas a que te haga el amor 
cerca del cementerio del sur
donde tu madre supuestamente espera
el día de la resurrección. 

Te persigo con desgano. Tu silueta
flamea, se alborota
y se pierde en los recodos del sol.
Los alhelíes
se multiplican en los canteros azules;
llenan el aire
de una bestia dulzona que entra en las narices
y sale por los ojos. 

Mientras te persigo, 
lanzo una oración en que reclamo
 la mudez eterna
 de las flores todas. 

Desnuda en la arena húmeda de las cuatro,
te entregas durante una hora resbalosa
en que el tiempo se convierte
en   cachalote tibio y aceitado.

Cuando el sol da la vuelta,
te vistes lentamente; 
acaricio tu empeine derecho
y escucho la música lustral; las voces
que giran, se retuercen, forman espirales
para prenderse finalmente
del escorzo negro del verano; de la promesa
de una muerte con panes y con pieles. 

Me acaricias la cabeza.
y me dices:
no te preocupes,
yo también los escucho. Esta noche
dormiré a tu lado 
y llegaremos unidos a la aurora
en este mundo,
 en el otro...
y escapas  riendo enloquecida. 

Ha pasado un kalpa
con sus ciclos de fuego y de alegría
y aún sigo las huellas que dejaste
una vez,
otra
sobre las firmes arenas de la muerte. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: see_through_by_td_fotodesign

lunes, 9 de noviembre de 2015

Carta a la Locura (De "Cantigas Herejes")




Corazones de helio
atrancan sus voces en el aullante emparedado de las horas
ta ta ta ta taaaaaa
La metralla no se detiene en el neoprene de tu silencio.
Me dices
que el infierno es un animal que aúlla desesperado
por milenios.
ta ta ta ta taaaaaaaaaa
Me dices
que el sexto muelle dejó de gemir; que quizá haya muerto
mientras afuera estalla la rebelión de los linóleos
y se levanta el acero por sí mismo
sin una mano humana que lo mueva.
ta ta ta ta taaaaaaaaaaaaaaaaa
Me dices
que las llamas se acostumbraron a tu carne.
Que han dejado de abrasarlas
luego que milenios atrás
llegaran a tus huesos y te convirtieran en una papilla negra
que emite ronquidos azules cuando la evocas.
ta ta ta ta taaaaaaaaaaaaa
Observa.
Grita.
Revienta en los obuses, en los silencios que perviven
luego de cada muerte
y escribe una carta a la locura cuando el sol asome
en un campo de batalla sin campo,
pero con mucha muerte.
Escribe una carta cuando la alborada
taladre ojos ingrávidos
y prenda gusanos de luz en cada sombra.

(Una misiva a la locura
que quizá sea igual a este poema).

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Estudio con una sandía - Sergei Bizyaev

sábado, 7 de noviembre de 2015

Variaciones sobre el Otoño (De "Variaciones"



Junio se arrastró lentamente
y en uno de tus pasos desnudos
llegó noviembre con  cargas de carámbanos,
amaneceres luminosos,
 tardes breves y hojas amarillas.

La colina del día se llenó de cristales
y como cada tarde,
presenciamos el suicidio del gato del crepúsculo
cuando se arroja al lago.

Quiero verte descalza a lo largo de la orilla. Tus pies
machacarán la última grama; tus plantas
recogerán verdores del otoño. Las magnolias
serán ojos que te observen;
pájaros ateridos
se prenderán con sus picos
 de los pliegues del aire.

Sabes que tu andar abre calles en el cielo
y monta ciudades instantáneas
que se precipitan en abismos azules.
Sabes que tus plantas desnudas en la tierra
despiertan doncellas y dragones,
abren túneles ígneos,
pulen cráneos antiguos
y construyen aldeas de levadura y agua.

Ahora,
la  sonámbula bestia de la nieve
prepara sus aprontes y esperanzas
en las estrellas gélidas;

en el viejo mañana.

En tu silencio.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: "Otoño enamorado" por Artofdan

jueves, 5 de noviembre de 2015

Sopa de Ajos (A José Ignacio Restrepo)



No hay guerra más lenta que la interna

José Ignacio Restrepo



Prepara una sopa de ajos
contra los virus del invierno
para los soldados que llevan adelante
la guerra inmóvil, aquella
que los obliga a mantenerse incólumes
en las arcadas del día;
a seguir impertérritos mientras los roza el plumaje
de los furiosos buitres del crepúsculo.
Prepara una sopa de ajos
para la silente y demorada guerra
que deberemos emprender 
cuando las coyundas se adentren
en el núcleo redondo de hora tercera.

La noche se interna en la casa
como un ladrón sereno
que atravesara sin esfuerzo mis siete cerraduras. 
Te despierto
te susurro que es la hora,
que calces las botas azules y sin suelas
y que salgamos a luchar 
con la lentitud de marismas en celo;
que enfrentemos
la carne invisible de la estrella negra
sin movernos
ni un ápice
de los suelos arenosos que se tienden
detrás del esternón. 
("No hay guerra más lenta que la interna"
afirma mi hermano 
desde el muro de las lejanías).

En el primer brillo de la aurora,
camina siete pasos hacia el frente
y tiéndete desnuda
 en la sólida ciénaga
que cuelga del azul.

GOCHO VERSOLARI



Sólo esperamos el lejano abrazo.



No te rindas me dices
con tu nariz cerca de mi boca
y  tu cuerpo al calor de mi piel.

No te rindas, repites
mientras mi cuerpo se derrama
en la transpiración de junio y se convierte en arroyo,
en quebrada y en río murmurante
que arrastra troncos, lejanías y panes. 

Alego
que podríamos sentarnos
alrededor de la mesa familiar: abuelo, abuela
partiendo el pan de las doce. El sol
golpearía los bruñidos tenedores,
se detendría en tus rizos, en las huellas
que tus descalzos pies dejaran
en la humedad del patio.

En cambio,
permanecemos en este desencuentro,
mezclado con la eternidad
y con las hojas del otoño; 
sólo esperamos el lejano abrazo,
macerado en el hielo de los cielos
que para vivir sólo requiere
una pizca de calor y el sacrificio
de un sólo pájaro en la primavera

Siéntate a mi lado. Aguardemos
que aúllen las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Dúo - Alfred Georg

El Extraño Atractor de la Desesperanza




El extraño atractor de la desesperanza
vuela lento y silente mientras el calor irrumpe
y derrumba las celosías.
y bebe los vidrios como gelatina
y el extraño atractor de la desesperanza
 atraviesa las tenues cabezas de las cinco
y devora fantasmas que expele
por el vértice de sus cónicas alas  ,
y los sueños parecen intactos,
detenidos
en la plancha de hielo que sostiene el estío
y los sueños permanecen enhiestos,
como intensos cadáveres
sin ojos y sin pies.

El atractor picoteará apenas
 la desesperación y la tristeza,
para alejarse
hacia  unas nubes con forma de lobo
que colonizaran el cielo del oeste.

Ahora la noche se abalanza
con su carga de muñecos rotos
  panes vacíos,
  lunas quietas
y barriles de alcohol.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración A dream has started to work - Alfred Georg