jueves, 5 de noviembre de 2015

Sólo esperamos el lejano abrazo.



No te rindas me dices
con tu nariz cerca de mi boca
y  tu cuerpo al calor de mi piel.

No te rindas, repites
mientras mi cuerpo se derrama
en la transpiración de junio y se convierte en arroyo,
en quebrada y en río murmurante
que arrastra troncos, lejanías y panes. 

Alego
que podríamos sentarnos
alrededor de la mesa familiar: abuelo, abuela
partiendo el pan de las doce. El sol
golpearía los bruñidos tenedores,
se detendría en tus rizos, en las huellas
que tus descalzos pies dejaran
en la humedad del patio.

En cambio,
permanecemos en este desencuentro,
mezclado con la eternidad
y con las hojas del otoño; 
sólo esperamos el lejano abrazo,
macerado en el hielo de los cielos
que para vivir sólo requiere
una pizca de calor y el sacrificio
de un sólo pájaro en la primavera

Siéntate a mi lado. Aguardemos
que aúllen las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Dúo - Alfred Georg
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