lunes, 28 de diciembre de 2015

Variación sobre mi paupérrimo corazón



Para que mi corazón se abra al símbolo
tuve que recurrir al cuchillo de carnicero
que mi abuelo guardara en maletas antiguas.

Una noche,
sobre el ara de piedra de mi pecho,
lo abrí a los  pájaros navegadores
que surcaban mis cielos de adentro.
Mi pobre corazón,
vapuleado, llevado, traído, de cerca,
de lejos
transitado por miles de plantas
cuando la tarde llenaba de té las margaritas.

Antes de clavar el cuchillo cubierto de óxido
me miró con sus ojos de siempre
aquellos que se abrieran una tarde
junto al mar, las gaviotas
y las sierpes del día.

Es por tu bien,
dije,
los símbolos
crean vida eterna en cualquier corazón.

El sacrificio
pareció funcionar. Mi corazón robusto,
pasea desde entonces sus atardeceres,
los cielos verdes y las corolas amarillas
 que ornan sus bestiarios.
Mi pobre corazón,
aterido en los remordimientos,
a pesar de los símbolos y de los sacrificios
no suelta las amarras que lo atan
a las bestias sin panes de esta tarde. 
Mi pobre corazón
babeante de amor,
teñido de la profunda tierra, 
espera que lo pisen tus desnudas plantas
 en el levante. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: "Corazón" por David Julián López
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