jueves, 27 de octubre de 2016

"El sueño es el sueño"






El sueño es un animal angular
que se clava en las raíces de las colinas,
en los cencerros de la aurora. Lo caminas
con tus pies desnudos noche a noche,
animal que suspira, que se tiende se estira, se agiganta
y disminuye hasta ser una semilla de mostaza
de aquellas que llenan los silos del Buda
para explicar la duración de un kalpa.

El sueño es un animal cuadrado que vive en un mundo de cubos
y alucina con círculos y semicírculos
que no verá nunca
mientras sus manos trazan temblorosas
las líneas redondeadas de los astros,
Tan solo lo rodean rectos ángulos
que no saben de un mundo
allende sus aristas.

"El sueño es el sueño" te contesto cuando me discutes
acerca de su simbolismo,
de sus semióticos recodos
de los len-signos que bebiera
en la lengua seca de un
moribundo anciano . 

"El sueño es el sueño",
repito mientras te desnudo
y el sol de medianoche cosquillea mis plantas
y la luz verdosa de la anciana de la tierra
se trepa al cielo y pastorea las ovejas.



Antes del amanecer nos amaremos

 en el espacio yerto, amortajado
que reposa entre estrellas,
 más allá de la luna. 

GOCHO VERSOLARI

miércoles, 26 de octubre de 2016

Después de las Ofrendas (La Mujer que llevo Dentro)






Escucha,
Mujer que llevo dentro:
llenemos los versos
como a pozos sin fondo. Arrojemos en ellos
silencios, gritos, corderos blancos,
 corderos negros;
 ofrendas de las uvas,
de vino y borracheras.
Arriba las estrellas se tienden azules.
mientras subimos descalzos las laderas.
Primicias en los hombros.
Miradas certeras; ven,
ayúdame con este saco de manzanas
Es la ofrenda al pozo,
lento ojo abierto en la fronda de la tarde.


 

Escucha,
Mujer que llevo dentro:
Arrojemos   sandías
  peras,
melocotones
y la comida que hubiera alimentado
durante un año al pueblo.
Es lo que reclama el Moloch
de un solo verso;
el  lento y poderoso afán 
que nos observa como un ave
desde los pliegues de la noche, 



Mujer que llevo dentro,
después de la ofrenda descansemos. Tus pies en mi regazo,
tu cabeza en mi boca. Es hermoso
el silencio al terminar el sacrificio,
cuando se elevan las voces de los vivos,
y el rumor de los muertos. 


Después de la ofrenda descansemos.
En la alborada,
recorrerás descalza las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

La Flecha que atravesara el Bajo Vientre de Dios (La Mujer que llevo Dentro)






Con mi flecha,
he atravesado el bajo vientre de dios
y desde entonces
lo observo caer y caer
en los atardeceres,
en las mañanas;
la flecha ardiendo debajo del ombligo,
llenando de soles las noches,
estallando en  auroras.

A veces
la mujer que llevo dentro
pone el pezón en la boca divina
y le brinda la leche naranja
de las estrellas exiliadas,
del animal de la locura
o de las líneas azules que en el cielo
dejan noche a noche los suicidas. 

Las alas plegadas de dios,
suelen llover gotas de su sangre dorada
La buscan los deshauciados
para vivir eternamente. La flecha
sigue clavándose en su vientre; la flecha,
con una semilla gris de eternidad.

GOCHO VERSOLARI

Getsemaní (La Mujer que llevo Dentro)






La mujer que llevo dentro
se pasea entre los olivos de Getsemaní.

 La tarde:
una vasija de aceite que se derrama 
 sobre sus senos.

La mujer que llevo dentro,
de pezones azules y sexo deletéreo,
recogerá de los àrboles
siete aceitunas.
Cuando llegue el crepúsculo
las sumergirá una a una
 entre los labios.

El papel arrugado del otoño
aúlla arcanos.
Las siete aceitunas,
  insectos extraños y brillantes,
se hunden en la lengua.
Las siete aceitunas:
en sus lomos,
los olivos cabalgarán la muerte

La mujer que llevo dentro sonrìe; la tarde,
esa exigua lampara de aceite,
 espera que la enciendan
para soltar la serpiente demorada de la luna
entre los árboles.

GOCHO VERSOLARI

Quinientas Esmeraldas en tu Seno Derecho (La Mujer que llevo Dentro)





La mujer que llevo dentro
desnuda  el seno derecho. 
Lo tomo con mis manos de anciano
y corto con el bisturí; la línea roja,
va del pezón al cuello. La mujer me observa
sin gestos de dolor.

La sangre escapa como un lento animal 
que decidiera cubrir de niebla roja
 la habitación,
la tarde 
y los lejanos pinos. 

Quito la glándula caliente y húmeda
y la reemplazo por quinientas esmeraldas.
El resplandor verde me encandila;
 el pezón en un faro,
 que disipa las tinieblas de la tarde de octubre. 

 Coso la herida con hilo de mi piel. 
La mujer cierra los ojos. Cada diez minutos,
 un potro corcovea en sus pulmones. 



"Con estas piedras sabré reconocerte
cuando llegues en mitad de la noche
y te desnudes para  entrar  en mi lecho"
musito en el oído. 
El cuerpo escucha las palabras apenas pronunciadas
y las esmeraldas que habitan en el  seno derecho
aplauden suavemente y zumban
como extraños insectos.

En la alborada
la llevarán a volar por   riscos luminosos
y hacia la siesta 
deberé resucitar el cadáver 
de la azulina mujer que llevo dentro:
cuerpo inerte, desnudo;
tibio y suave
como la piel del guanaco luminoso
que cada tarde,
crepúsculo a crepúsculo,
invade la levadura de mi pan. 

GOCHO VERSOLARI

Se conjura una Explosión en la Alborada (La Mujer que llevo dentro)





La mujer que llevo dentro se detiene en el camino. 
El aire se llena de huesos y la tarde
marcha lenta como una anciana.

La mujer ríe, canta, baila. Su alegría
es una serpiente tibia
 en el centro del desasosiego; un reptil luminoso
que avanza en las profundidades
 .
La noche sin luna,
prepara desde la luz
 un corazón de metralla pringosa.
La próxima alborada conjuga explosiones de luna
y caracoles de sal. 

Desnuda,
la mujer ríe, se retuerce;
 corona su frente con libélulas
y se trepa al sol



GOCHO VERSOLARI


martes, 18 de octubre de 2016

Unción






Niña:
lluevo y te unjo
desde los pies al sexo. Tu alma
se sumerge en la tibieza de la sangre
para recibir gotas del unguento
que de tercera o cuarta mano
llega desde el  más alto cielo,
el más terso,
el más enhiesto, 
con lunas de dos cabezas
y astros de siete pies.

Niña:
te lluevo,
te unjo,
te colmo de esta miel sagrada
que ha atravesado abismos, avispas, cormoranes y buitres
para llegar a tus últimos recodos,
a tus caminos ocultos,
a tus senderos 
llenos de abejas y partidas.

Cuando el unguento toque tu corazón,
caerás en la noche como una serpiente antigua
a la que hirieran    los dioses y los siglos.

Niña,
te unjo
 y al ungirte,
te conviertes en pan.

GOCHO VERSOLARI

domingo, 16 de octubre de 2016

Visión nocturna


el sentido de mi ser es ver tu baile descalzo junto al lago




Cuando asome la luna
llegarás como siempre,
 desde la colina invisible de la noche,
 
´Danzarás junto a la ribera,
acompañada tan sólo por los pájaros nocturnos,
por los insectos del verano,
por las ramas del pino que se quiebran
debajo de tus desnudas plantas

No sabes
que es tu presencia la que me despierta de mi sueño
y que el sentido de mi ser
 es ver tu baile descalzo junto al lago
mientras la luna se precipita en los senderos
con un afán de acero blando y luminoso.

Más tarde
la noche te quitará el vestido
y tu desnudez marchará con un niño de la mano
por los senderos del silencio. 

El fantasma
que emerge de mi cráneo en los crepúsculos,
se unirá a tu silueta sobre la fronda azul
 y en el orgasmo
sacudirá el cosmos,
romperá los silencios de las rocas,
engendrará pájaros, murciélagos, palomas,
bandadas y graznidos,
hordas de ángeles, garabatos de niños. 

Ahora
sigues bailando en orilla del lago
La cabeza hacia atrás; los pezones enhiestos.
Hay un ídolo de humedad tibia
que se levanta en armas en tu vientre.

Alguna de las luces de la noche
servirá para fundirte en horizontes verdes. 
Tus pies desnudos
serán lo último que observe
antes de regresar al catafalco.

GOCHO VERSOLARI

sábado, 15 de octubre de 2016

Reflexiones sobre un Pote de Sal que se escurre en el Cielo.



"El pote de sal se ha volcado en el rincón oscuro de esta tarde radiante..."

 


Un pote de sal se escurre en el  cielo
y llena de un blancor azulado
estrellas, yerbas, elefantes tenues

y todo lo que que se derrama
encima de las cosas del crepúsculo,

Las nubes tiemblan con violencia
cuando llegas recogiendo tu falda. 



Te digo:
Lo débil,
lo tenue y lo lento,
triunfa sobre ejércitos

como los de Genghis Kahn.
El paso de los siglos lo demuestra...

 
Me respondes

que nada sabes de los siglos;
que el pote de sal se ha volcado
en el rincón oscuro de esta tarde radiante,
y desde allí irradia una  paz sin dientes y sin uñas
que se mezcla con las cornetas y el hollín,
con nuestro hablar sin ritmo
 sinsentido,
 sinpausa
y entre una respiración
y  otra
se suceden como flashes

los anhelos de  paraísos escondidos
debajo del polvo de los callejones,
en el brillo de los dientes de una rata
o en los pliegues del reflejo de la luna
sobre las aguas estancadas.

Llegados a este punto,

descubro un atardecer que cuelga de tu escote.
Lo empujo
y cae.


GOCHO VERSOLARI

lunes, 3 de octubre de 2016

Déjame tan sólo el Sol



No quiero crear. Me niego
a tarantulear noches con cencerros prestados,
a corotar pedúnculos en desiertos de espárragos,
a arracimar huellas sobre pendones de alúmina.

Si te basta dejar caer la mano hasta mi muslo
y caminar hacia mi lecho con un pie
frente al otro
y al otro
y al de más allá, si te basta
beber tres camellos antes de entrar en mi cama
y desabrocharte la blusa justo antes de los manantiales
que  arrojan los ardientes,
  infiernos desbordados de la noche.

No quiero crear. Gritan las aves ocultas en un instante.
Una bandada azul que cabe en la jaula de un punto,
que se resiente cuando octubre baja la cabeza
y embiste a los niños marrones que pasean
por la séptima terraza que se eleva en puntas de pie
para alcanzar a las estrellas.

Ahora te alejas
hacia la colina donde te hundes crepúsculo a crepúsculo.
Regresarás en la siesta de mañana. La noche
te brindará goteros
con los que recogerás el agua de la locura
y me la darás a beber un instante apenas,
apenas un instante
en que un apocalipsis niño se arroje del décimo piso
de los racacielos que guarda la serenidad de la tarde.
No te lleves el pan que las luciérnagas trazan. 
No te lleves mi locura. 

Déjame

tan solo 


el Sol.

GOCHO VERSOLARI

Variaciones del Sueño con una Cafetera



Soñabas con una cafetera
que tomarías en la sala
y llevarías a tu jergón azul
 donde seguirías soñando
con esa cafetera
en la que hirviera un café mezclado con sueños y con ciclos;
dinosaurios de luz,
mediodías como puñales de obsidiana
y soñabas con tu caminar
hacia el origen de la luz,
hacia la fuente de los sueños
llenos de limbos, de niños muertos, de bahías
de panes secos, de arrabales dulces
de arrabales amargos, de fango y deletéreas horas.

Y tu pasión onírica,
regresaba a la forma de la cafetera,
aquella que vibrara en tu oído
al hervir con un rumor de niña soñadora
que se perdiera una tarde en las orillas del arroyo,
buscando en la etiqueta del cuchillo
la madre olvidada de los sueños,
la que no regresara
cuando su cuerpo quedó sobre el crepúsculo
como nube vacía
con la humana forma de un agujero

Sin voz,
sin frío,
sin silencios,
cafetera vacía prendida del gorgojo
que cayera del sol.

GOCHO VERSOLARI

El Viejo Dragón del Precipicio



Llévame de la mano. Aprieta mi puño
hasta que los nudillos
se llenen de sol. 

Arrástrame a la tierra:
firme como tus pechos, 
dura como el silencio,
parda como los pájaros
que surgen de tu escote.

Ayúdame a llover; a convertirme en gotas
cargadas de mí mismo
y precipitarme en los senderos del otoño
Después seré un torrente
que recorrerá octubre; 
que llenará tu ombligo
 de  inmensidades y de pájaros. 

Señálame el camino a la ribera,
a esa tarde clara en que los girasoles
liban la tibieza del aire. Una vez allí,
recorreré descalzo los senderos
y volveré al viejo dragón del precipicio,
a recoger retazos de la nada
para elevar el sol.

Gocho Versolari