lunes, 3 de octubre de 2016

El Viejo Dragón del Precipicio



Llévame de la mano. Aprieta mi puño
hasta que los nudillos
se llenen de sol. 

Arrástrame a la tierra:
firme como tus pechos, 
dura como el silencio,
parda como los pájaros
que surgen de tu escote.

Ayúdame a llover; a convertirme en gotas
cargadas de mí mismo
y precipitarme en los senderos del otoño
Después seré un torrente
que recorrerá octubre y llenará tu ombligo
 de  inmensidades y de pájaros. 

Señálame el camino a la ribera,
a esa tarde clara en que los girasoles
liban la tibieza del aire. Una vez allí,
recorreré descalzo los senderos
y volveré al viejo dragón del precipicio,
a recoger retazos de la nada
para elevar el sol.

Gocho Versolari
Publicar un comentario