martes, 18 de octubre de 2016

Unción






Niña:
lluevo y te unjo
desde los pies al sexo. Tu alma
se sumerge en la tibieza de la sangre
para recibir gotas del unguento
que de tercera o cuarta mano
llega desde el  más alto cielo,
el más terso,
el más enhiesto, 
con lunas de dos cabezas
y astros de siete pies.

Niña:
te lluevo,
te unjo,
te colmo de esta miel sagrada
que ha atravesado abismos, avispas, cormoranes y buitres
para llegar a tus últimos recodos,
a tus caminos ocultos,
a tus senderos 
llenos de abejas y partidas.

Cuando el unguento toque tu corazón,
caerás en la noche como una serpiente antigua
a la que hirieran    los dioses y los siglos.

Niña,
te unjo
 y al ungirte,
te conviertes en pan.

GOCHO VERSOLARI
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