miércoles, 28 de diciembre de 2016

El Poeta y la Locura



La Mítica nos dice que no somos un yo, un punto duro y único, sino  una orquesta de la que el foco de la conciencia  es, muchas veces, el director. En el sueño o en los estados en que el centro de la personalidad afloja su vigilancia, es cuando surgen aquellos entes vivos que se encuentran dentro de nosotros y que se expresan con voces particulares.
Quienes solemos escribir poesía,  estamos familiarizados con esta concepción múltiple de la mente. El impulso de escribir es a veces algo incontenible, a lo que debemos atender sin excusas; sin dilaciones. Encontramos nuestra veta, cuando nos liberamos de los lastres que aportan los tópicos o los condicionantes técnicos de la poesía; entonces comprendemos que las fuentes son muchas; que no nos constituye un solo  yo, como la cultura nos ha hecho creer, sino que somos una multitud. Voces femeninas o masculinas, independientes de nuestro género biológico; nostalgia, alegría, dolor: las personalidades, por lo general contenidas durante mucho tiempo, compiten entre ellas para expresarse a través de nuestros versos.
Aún hoy se habla de las musas: esas diosas que musitaban estrofas o notas en los oídos del aedo o del músico . Estas entidades forman parte de otro contexto mítico, absolutamente válido.  En mítica no sólo son legítimas distintas explicaciones para un mismo fenómeno, sino que son necesarias, ya que promueven la toma de conciencia, el "click" de comprensión súbita que va más allá de lo racional.
Resumiendo: esa conciencia unificada  a la que llamamos "yo", no es otra cosa que el resultado de una sinfonía de seres. En la poesía, cada una de esas voces cumple una función solista, a lo sumo de dúo o de trío y el talento del vate depende del poder de su expresión.
Esto hace que el poeta sea en mayor o menor grado, un excluido. Al menos nunca será un "ganador" en el sentido en que nuestra cultura privilegia a aquellos que han logrado sobresalir como empresarios poderosos o que de un modo u otro han explotado sus condiciones de tipo "solar". El poeta está vinculado al agua profunda, a la oscuridad, a lo lunar y al silencio. Sus contenidos abrevan en todo aquello que la sociedad considera proscripto.
Yendo a la historia, durante muchos siglos, el éxtasis fue una fuente de conocimiento. Beleño negro y otras drogas servían a las brujas de la Edad Media para sus viajes donde les eran revelados secretos que hacían a la vida, a la salud y a la fecundidad. Del mismo modo, el Peyotl, la Ayahuasca y otras hierbas enteógenas, amplían la conciencia y conducen a otras formas de conocimiento. Hoy, repetimos, todo esto se halla proscripto, y el poeta con su ejército de "Demons" (en el sentido socrático) es apenas tolerado, siempre que cumpla ciertas condiciones de adaptación al medio.
Este rechazo cultural, hace que quienes escribimos poesía suframos en mayor o menor grado de problemas de adaptación a la sociedad. Téngase en cuenta que la multivocidad originada en los seres que habitan en la personalidad del poeta, vincula a éste con cantidad de patologías psiquiátricas: desde el Trastorno de Identidad Disociativo hasta la Esquizofrenia.
La diferencia entre un rapto poético y un brote psicótico, es la desorganización de la mente; la incapacidad en el brote de regresar a lo cotidiano, de poder entrar y salir de la locura que asalta al individuo. La del poeta es entonces una demencia lúcida, una tendencia oscura, irrefrenable de recorrer el borde del caos; de asomarse a los abismos sin caer en ellos;  y de hacerlo, llevará siempre el mapa del camino de regreso. 
Locura, muerte, sexo: son los ámbitos naturales del poeta. Mientras el resto de la sociedad vive la realidad con una tranquilidad tibia, el vate es aquel que observa la precariedad del mundo y se siente impelido de hundirse en sus cimientos para expresarlos en los versos.

Gocho Versolari - 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Tus huellas





En el sendero que conduce al arroyo
las huellas de tus pies desnudos se elevaron
hasta perderse en la horqueta del sicomoro
donde cada tarde
el sol se fuga al otro mundo.

Eran siete las huellas 
de tus pies conociendo la brisa del verano.
La  lluvia de la noche
las convertiría en gruesos goterones
que ayudarían a moldear la arcilla del sendero
 
En esas siete improntas de tus pequeños pies
 he  descifrado
aquel lenguaje antiguo que describe
la llegada de la primera aurora,
el gemido azul del primer hombre
y esta amarilla mañana
que nos cubre de pétalos 
y de calor azul.

Noche tras noche,
tu tibieza reptará entre mis sábanas
y llenará mi vientre
con tu desnudo caminar
y tu silencio

GOCHO VERSOLARI

sábado, 10 de diciembre de 2016

El lento deshielo de la muerte




En la tarde de verano hay un corazón helado.
Un centro irreductible que atrae seres, personas,
cosas y animales
hacia un núcleo de dolorosa mudez.

Acompáname que te mostraré el agujero
en la tierra del parque
Podrás ver los chispazos del invierno próximo
podrás tomar  mi mano
 y navegar  los carámbanos agudos
mientras el penoso hielo se prende de las azoteas.

En la tarde de verano hay un corazón helado.
Ayúdame a extraerlo  del hielo,
bríndale un poco de licor para que viva
entre los animales de las sombras
y que en la primavera
pueda atravesar  todos los puentes,
vencer a los ocasos
y llegar a la   orilla del día
donde los demonios juegan con los ángeles
y la hierba entra por los pies al otro corazón,
que espera y espera  el lento deshielo
de la muerte.

GOCHO VERSOLARI

Te Tomo de la Piel



Te tomo de la piel
te giro sobre mi cabeza
y te arrojo al caos hermoso y guiñador,
que atrae con el grito sordo de las horas; 
que promete
cerrar todos tus huecos
y los míos;

Te tomo de la piel.

 No grites.

Limítate a gozar
mientras marinos inmóviles en la lejanía
contemplan el silencio
que nos rodea como un halo
y que se mueve al ritmo de celestiales panes


Te tomo de la piel;
cierra los ojos,
simula estar dormida
mientras la muerte examina nuestro ombligo

Luego de un baile azul y ronco,
la parca devorará el cardumen de tus sueños
y volverás a recibirlo en el crepúsculo
como un efebo blanco.
Se inclinará mirándote a los ojos; 
 mordisqueará tus gritos y esperanzas;
seguriá con tu cuello.

Tu ombligo.

Tu silencio. 

GOCHO VERSOLARI

  
 .

viernes, 9 de diciembre de 2016

Orgasmos sin dos, sin uno; sin un cuerpo



Una primavera 
se perdió en alguna parte de tu cuerpo
y en el desarraigo,
su carne de estación cálida en el final del invierno
arrebató escalofríos de tu útero; la pobre primavera
paseando con sus piernas azules,
recorriendo tus senos; primero el uno,
luego el que sigue
en una sed insoportable de nubes y de nieves
que calmen un ardor de siempre.

Y en este ir y venir,
la primavera llenó de orgasmos impersonales
la fachada de tu casa.

Exclamaciones, abismos,
vértigos insolubles
sin nadie que los padezca o que los goce;
orgasmos sin dos, sin uno; sin un cuerpo,
sin un sol que los cobije. 

Tan sólo
la lentitud ultravioleta del cemento; tan  sólo
el viento que los lleva; orgasmos no creados
a lomo de la primavera no resuelta
que ríe y ríe  y llena de gardenias azules
el cielo de las tres. 

GOCHO VERSOLARI

domingo, 4 de diciembre de 2016

Variaciones sobre el Erotismo del Vacío



En la tierra diaria y firme del sendero,
rodean tu paso los abismos,

Gentiles,
sonrientes,
abren con elegancia  las sinuosas fauces
y te invitan a caer,
a derrumbarte.

Los esquivas con agilidad,
saltando las esquinas con tus pies descalzos.

También les sonríes. Te fascina
coquetear con las sonrisas de los cráneos alineados
en las profundidades.

A eso de las seis tropezarás
con una caravana de mendigos
que reclamarán de ti
una caricia
una moneda
una mirada.

Escaparás apenas
con el vestido rasgado  y sosteniendo tus senos

Se liberará de tu boca la sonrisa de siempre
y volará sobre las maderas del aserradero,
para hundirse  en el arroyo oscuro
que baña las paredes de la fábrica,

tu sonrisa de siempre
la que busca los abismos de la noche
y se inmola como ofrenda
de los dioses que se ocultan en los picos,
en las vertientes lejanas,
y en el corazón de todos los vacíos.

Ahora
una sombra coquetea con tu sexo
y se hunde el sol.

GOCHO VERSOLARI

La sal



Alguien arrojó al viento
 la sal que debiera durar los días de un año. La sal
en esta mañana que se tiende como un barco;
que navega lenta el tiempo de los sueños.

Te tomo de la piel
y te lluevo sobre la mucosa de los días;
vehículos glaucos rasgan el espacio. La sal
llena de desiertos tus miradas
ydiscurre,
 rumorosa
en el céfiro de finales del otoño.

 La sal
que debiera durar los días de un año
ha caído en el cuenco de esta  mañana tersa,
llenando de jofainas azules
los silencios.

Gocho Versolari

El Jardín de Gocho Versolari - Introducción





I


El jardín de Gocho Versolari es una pausa,
el inicio de un verso,
la respiración interrumpida
de una cósmica monja;
el bodoque azul que nos transforma
cuando dormimos al costado del abismo.



Hay en el jardín de Gocho una farola
 con luz esculpida por cencerros cuadrados. El aedo
 escribe los versos con su semen
 y al reflejarlos en el resplandor azul,
 los universos se vuelcan en la hierba
 y corren como cucarachas
 en busca de la esfera decimal,
 que es la propia cabeza del poeta:
 sin diámetro, sin circunferencia;
 sin sueños ni vigilias.
 Tan sólo se alimenta  
 de hormigas, de abejas,
 de suspiros de cisnes;
 y de buitres del sol.




El Jardín de Gocho Versolari
tiene tres casas: 
una de pan, que alberga ángeles,
otra de acero
 repleta de dragones malolientes
y la del medio de terracota azul,
donde los hombres van y vienen;
languidecen y mueren
o ríen con sonoras carcajadas. 


El vate se posterna ante los querubines,
saluda a los hombres con  la mano
y hasta la madrugada,
bebe con los dragones un licor antiguo,
que a veces enciende su esófago y su sexo
y llena de soledad los alhelíes.

En plena embriaguez,
el poeta muestra las escamas de su cuerpo, 
sus pupilas que enrojecen de pronto
y el fuego que sale de su boca
y que chamusca en algunas alboradas
la cubierta superficial del cielo;
y ciertas alas de  rezagados ángeles.


II


 El jardín de Gocho Versolari
entrará en tu esternón en este instante
y te traerá hacia mí,
vestida de abalorios,
con lustrales adornos en muñecas,
tobillos y cintura.

Llegarás despeinada y azul:
como una pájara;
serás la diamantina versión de aquella muerte
que embriaga al aedo   noche a noche
cuando la mezcla al jugo de la luna,
a los fluidos de la amada
y al zumo añil y señorial
que escupen las estrellas
sobre tu desnudez.

GOCHO VERSOLARI