domingo, 4 de diciembre de 2016

El Jardín de Gocho Versolari - Introducción





I


El jardín de Gocho Versolari es una pausa,
el inicio de un verso,
la respiración interrumpida
de una cósmica monja;
el bodoque azul que nos transforma
cuando dormimos al costado del abismo.



Hay en el jardín de Gocho una farola
 con luz esculpida por cencerros cuadrados. El aedo
 escribe los versos con su semen
 y al reflejarlos en el resplandor azul,
 los universos se vuelcan en la hierba
 y corren como cucarachas
 en busca de la esfera decimal,
 que es la propia cabeza del poeta:
 sin diámetro, sin circunferencia;
 sin sueños ni vigilias.
 Tan sólo se alimenta  
 de hormigas, de abejas,
 de suspiros de cisnes;
 y de buitres del sol.




El Jardín de Gocho Versolari
tiene tres casas: 
una de pan, que alberga ángeles,
otra de acero
 repleta de dragones malolientes
y la del medio de terracota azul,
donde los hombres van y vienen;
languidecen y mueren
o ríen con sonoras carcajadas. 


El vate se posterna ante los querubines,
saluda a los hombres con  la mano
y hasta la madrugada,
bebe con los dragones un licor antiguo,
que a veces enciende su esófago y su sexo
y llena de soledad los alhelíes.

En plena embriaguez,
el poeta muestra las escamas de su cuerpo, 
sus pupilas que enrojecen de pronto
y el fuego que sale de su boca
y que chamusca en algunas alboradas
la cubierta superficial del cielo;
y ciertas alas de  rezagados ángeles.


II


 El jardín de Gocho Versolari
entrará en tu esternón en este instante
y te traerá hacia mí,
vestida de abalorios,
con lustrales adornos en muñecas,
tobillos y cintura.

Llegarás despeinada y azul:
como una pájara;
serás la diamantina versión de aquella muerte
que embriaga al aedo   noche a noche
cuando la mezcla al jugo de la luna,
a los fluidos de la amada
y al zumo añil y señorial
que escupen las estrellas
sobre tu desnudez.

GOCHO VERSOLARI
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