martes, 18 de abril de 2017

Las Vírgenes Agonizantes de Agustín de Hipona



Hay abismos a cada paso.
Lo sabemos
Lo intuimos
Lo sentimos como  a estos alacranes de silencio
que se prenden de cada porción de vértebra
y vivir es este inestable equilibrio 
sobre masas de nada,
sobre doncellas de silencios agudos
que suelen clavarse en algún punto
entre la pantorrilla y la cadera
cuando la noche fuma sus silbidos
y los perros se alejan
hacia la madre de todos los vacíos.

No disemines tus pasos
en esta tarde de primavera
 cuando aún las aves
revolotean despreocupadas en la tarde de abril.

Muéstrame tu rostro de recién casada
y recorre despacio los malecones
Observaré tu caminar
gracioso como una niña
angelándose en cada movimiento
y desertando de los páramos del alba.

Llega la madrugada:
  las vírgenes agonizantes de Agustín de Hipona
morirán
 sin haber conocido  los besos.


GOCHO VERSOLARI
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