sábado, 3 de junio de 2017

Miles de Prostitutas Ardientes




MILES DE PROSTITUTAS ARDIENTES

Monjas gomosas se arraciman
para formar una bola 
eclesial y maloliente
que rueda y rueda; que intenta
competir con el planeta. 

En la tarde,
cuando tu madre te llame para que te calces
y bebas el té adelantando el meñique, 
observarás a miles de prostitutas ardientes,
cada una del tamaño de una uña,
caer de la bola eclesial
para precipitarse,
descoyuntarse
sobre el fogoso asfalto del verano.

Trasmutarán el dolor en pasión;
copularán con escarabajos,
 caracoles y hormigas;
copularán con la sombra de la colina 
que a diario cae sobre tu casa.

Y tú  bebes el té y juegas con el zapato de Dior;
y en el crepúsculo, nada especial:
coristas fantasmas haciendo equilibrio en tenues triciclos,
pendones con forma de perro, 
que no dejan de caer de las estrellas.

Tu corazón   se desprende  de los resortes
que lo aprisionaban a las costillas
y  salta sobre la mesa para escándalo del cura
que acaba de llegar con la extremaunción
 para tu tía  Ofelia.

Tu corazón se pliega
 a la lluvia de prostitutas
que ya formaron un cordón brillante en el asfalto
mientras el monstruo que la noche oculta en su entrepierna
avanza con ínfulas azules
y se prende de los lechos
y de tu madre que muere de repente
con una expresión de dolor y de gozo y te preguntas
quién beberá su té,
quién comerá sus masas
y ofreces un banquete a las prostitutas 
minúsculas y descoyuntadas
y la fiesta se prolongará, 
azul, 
       roja,
               ruidosa,
hasta el final de todas las estrellas. 


GOCHO VERSOLARI
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