sábado, 23 de septiembre de 2017

El Estruendo del Poema




Te pregunto si escuchas el poema
y niegas con la cabeza. El silencio
resbala por la tarde, 
empapa las cosas de la sala,
sostiene  tus cabellos
 y acaricia tus desnudas plantas.

Te pregunto otra vez si escuchas el poema
y me dices que no hay sonidos, que la tarde
es un barco sin bisagras y sin aire,
que se desploma lenta; que a veces,
tan sólo a veces,
caracolea en tu sexo
 cuando te hago el amor.

Entonces te respondo
que el poema hiende huesos,  
entrañas y tejidos
para abrirse paso y conquistar la noche. 
Te sugiero que lo persigamos,
armados de picas invisibles, 
de plumas de extinguidos pájaros
y de papiros yertos...

Te has dormido. El sillón, sonrojado,
te sostiene como un par de brazos.
Cuando traigo la manta, el poema se desploma
y un chillido nos cubre desde el sol
Hay  una lluvia lenta como un tanque
que anega las bocas y las cuevas;
tu desnudez cerril
que se llena de lunas plañideras.

El poema inaugura la madre del estrépito; 
tú  duermes. 
Desde tus senos desnudo nos amenazan
los buitres del sol. 

GOCHO VERSOLARI
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