domingo, 17 de diciembre de 2017

Crece una mancha en la mañana clara




(El sacerdote,
con los ojos volcados a la tierra
y sin mirar la mácula creciente,
murmura "es el pecado")

y a eso de la diez,
cuando la vida fluye en los bosques del mundo,
surges de la mancha,
desnuda,
azul a veces,
otras blanca
hasta que tu cuerpo termina de formarse.

Y de la  epifanía cósmica
pasas a las escenas cotidanas
y me ofreces que nos descalcemos
para sembrar azaleas en el jadín de enfrente.
En la media tarde
entornarás los ojos por tres veces
para que te haga el amor sobre la tierra removida.

Y me preguntarás por Grecia
y te diré que Homero
falleció hace tres milenios
y que Solón se acostó a morir con una joven
y que ahora,
en el submundo,
lleva los asuntos de Perséfone.

Es de noche. Hay tormenta
Me pides que te acaricie en el corredor del patio
Nuestros hijos no nacidos
aplauden desde el viento que sopla
y sopla
por las rendijas de la vieja casa.

Después te marcharás
en otra mácula que dibujará sin prisa
la siguiente alborada
y al sentir  mi tristeza
me acariciarás la mejilla susurrando
"las llegadas son igual a las partidas.
No son ni sufrimiento ni júbilo. Tan sólo
  llegadas y partidas"

En el momento de marcharte,
 el sacerdote alzará la vista un solo instante
y verá tu gloria en la mañana
azul y definida.
"es el pecado"
volverá a murmurar
antes de perderse  entre las sombras.

GOCHO VERSOLARI
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