lunes, 4 de diciembre de 2017

El Desaforado Sexo de los Mejillones





"Este mejillón moribundo que se arrastra contra el suelo
he sido yo,
seré yo,
soy yo
que regreso en esta tarde de sol 
a encontrar mi rostro,
mis pechos
 mi sexo
en un fugaz malabarismo de aquello
que por error llamamos tiempo"

La punta de tu desnudo pie derecho 
rozó apenas  el trozo de carne tumefacto
en la basura del viejo callejón.

Entonces explicaste que solías derivar por los caos
pequeños como ese lunar
en tu empeine derecho. 
Y hablaste de eones,
 de lunas violetas, 
de pájaros sin cuerpo;  de ti misma
como una exhalación 
ondulada y azul por los abismos.

Mientras hablabas, avanzó la noche
y los mejillones descendieron del cielo 
para resucitar al que aguardaba
 en las marismas putrefactas.

Te pedí que volviéramos a casa. 
El callejón ardía de peligros 
bajo  los animales de la sombra
Te negaste.
Insististe en que te hiciera el amor
sobre un lecho de rafia que alguien desechara. 

Entre mis brazos,
arañaste, 
gritaste, 
acariciaste, 
suplicaste 
insultaste;
tu boca se llenó de espuma;
las convulsiones de tu cuerpo
arañaron las paredes del cosmos. Los orgasmos
fueron obuses en tu vientre
y luego caíste como muerta:
los ojos entornados y respirando apenas. 

Te cubrí como pude y te llevé a horcajadas; 
enhiestos mejillones aplaudían
desde los piélagos azules de los cielos. 

GOCHO VERSOLARI
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