domingo, 17 de diciembre de 2017

La piel de zapa


Cada poema que escribo
es un pequeño animal suelto en mi sangre.
Halo dorado; nimbo azul
y en la boca
hileras de dagas azules
a manera de dientes. 

Al descuidarme,
el poema elegante y febril,
mastica un trozo de mi esencia:
ese fluido precioso que nada en mis riñones,
 que me dieron antes de mi nacimiento,
y que marca fatal y presuroso
la duración de mi existencia.

A veces el fluido 
se abre  al silencio de la tarde
como una bella joven 
sonriente, 
desnuda. 

Mientras le hago el amor la miro interrogante
y no me animo a preguntarle
por mi vida,
por los años, meses o minutos
que me aguardan.

Ella sonríe, se entrega, goza
y luego insufla los poemas,
  los deposita suavemente
en un recodo de mi hipófisis
y los hace crecer con diligencia. 
 Quizá en la noche se conviertan
en extraños y crueles animales
y devoren los palacios de mi sangre,
mis visiones azules
y mi sol.

GOCHO VERSOLARI

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