martes, 5 de diciembre de 2017

Tu Desnudez respira Tardes






Estos bosques umbríos de la tarde de agosto
se abren para que sólo yo pueda observarlos:
 materia musgosa,
monstruos etéreos;
acuchillan a veces las bestias de las sombras
esas  brillantes líneas
del  sol entre las hojas.

Y  de este lado, 
la tarde que deriva pacífica
por las sendas del parque:
 ojos de ancianos 
 juegos de niños

Sé que estás en el bosque
desnuda y silenciosa.
 Tus senos
tropiezan a veces con la serenidad del parque
y los paseantes sienten una inquietud instantánea
que se disuelve con la certicumbre
de  aquellos policías heróicos;
que apenas  cruzando la avenida
velan las veinticuatro horas
almas y bienes,
risas y lágrimas, 
cielos y tierra. 

Sólo yo percibo el bosque como un monstruo,
 capaz de tragar súbitamente
enamorados,
pensionistas,
niños, 
perros y silencios. 

Respiro profundo;  me interno en  la foresta;
te busco por  veredas sombrías;
te descubro apoyada
contra  un  baobab:
tu desnudez respira tardes,
ángeles,
arañas y alacranes.

Te acaricio;
me detengo en el meneo  casi inconsciente
de tu cintura. Mientras te hago el amor
corremos por arroyos, tomados de la mano,
perseguidos por abejas destellantes,
por cormoranes súbitos que se disuelven
en  los arroces de las luces celestiales. 

Te hago el amor
como si levantara una torre en el desierto.
Te hago el amor y los bosques del planeta
explotan cada orgasmo.
Te hago el amor a ti, a la tierra
a las rocas de la próxima caverna
y al cielo de las seis. 

De pronto 
el bosque se funde  nuevamente
con  ese monstruo oscuro que sostiene el cosmos. 
Regresan el parque, los gritos de los niños,
el andar lento de los jubilados
y el sol enhiesto que arrasa los senderos
y que descubre la realidad encandilante.
El sol que impera sobre todas las cosas,
 que decreta
la irrealidad de todo bosque umbrío 
y afirma irrefutable la falta de existencia 

del sexo 

de los árboles

y de la muerte. 

GOCHO VERSOLARI

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