sábado, 3 de febrero de 2018

No hay encuentro. No hay partida.








Llegas descalza
desde la séptima colina. 
Junto a mis límites
te desnudas despacio
mirándome a los ojos. 


En minutos tu rostro rodará desde el presente
Hacia el tiempo insondable del instante.
Nunca llegaste.
Nunca te fuiste.
Tus pasos descalzos que te llevaron,
 que ahora te regresan; tu sonrisa leve
al murmurar la bienvenida,
son ilusión.

No hay encuentro.
No hay partida
Estamos unidos desde siempre
como los extremos del menguante. 

Veo las casas con sus puntas agudas que perforan el cielo.
Veo la nieve latiendo en medio de las nubes
y los pájaros helados con lágrimas de pan
intentando volar entre los huracanes.

Veo la piel del silencio reptando por las piedras de la noche
que se aglutinan para estallar con el sol
y ahora  estás en los pasillos oscuros de mi pecho
aguardando a que te nombre y al hacerlo
cambia mi ser, cambia la forma de decir yo.

Una lagartija corre hacia las alcantarillas
quizá buscando un retazo de la luna
que se estrella contra el agua sucia. 
Y yo te encuentro cuando las sombras caen dentro del pozo
que alberga mi tiempo.
Te encuentro en la muerte que vivo,
en las tormentas silenciosas
 de las miradas ancestrales
Te encuentro en el color de los crepúsculos
cuando echan a andar por los caminos desiertos.

Ahora cae fuego helado de los cielos
y busco mi refugio en tu regazo. 

GOCHO VERSOLARI




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