viernes, 2 de febrero de 2018

Un enjambre de seres inciertos




Un enjambre de seres inciertos,
vuela lento a veces; a veces
vertiginoso.
Recorre la distancia
entre tu sexo y tus pies. 

A veces se detiene
en tu empeine derecho
y lo hace bailar
una suite de Tchaikovsky
mientras setiembre prepara muertes diminutas
y las suelta en los últimos verdes del verano.

Un enjambre de seres
que, paradoja mediante,
nunca conocieron el ser
se ha filtrado por la grieta azul que tu esternón
ostenta desde hace milenios; aquella
que mantiene tu juventud
entre vestidos lilas y cenicientas  rostros.

El enjambre de seres
que participan del no ser
hace que te sientes en mi regazo
y tires de mi barba
y me enseñes tu cuello y me recuerdes
esa erección hace dos años
cuando enero arrojaba carámbanos de espanto
y me ofreciste una noche cálida que nunca terminara
y esos mismos seres 
que nunca conocieron el ser,
jugueteaban en la chimenea,
ofrendando rondas infantiles
a un demonio barbado y cejijunto 
que atenazaba
el sol. 

Ahora insistes en que cuando setiembre se marche
estallarás en las primeras hojas
y te llevarán los lentos vientos
y los destellos crepusculares del otoño.

Vivamos el momento. Si me amas
con la intensidad suficiente 
será eterno el orgasmo:
un terremoto que atravesará el tiempo
y montará una nueva eternidad

No puedo combatir a tu perfume
ni al enjambre de seres que no siendo
circundan tu cabeza 
mientras caemos en la alfombra
que se diluye de pronto con el suelo
y nos precipitamos a un abismo
de remolinos, de espejos,
  de cielos en enjambre;
y hay  un amor ruidoso que resuena
en los confines del espacio
Allí inaugura tiempos,

arreboles, 

pétalos

y pan. 
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