miércoles, 28 de marzo de 2018

Entrarás desnuda en los recodos de mi sangre



El día es un enorme alambique
donde te desnudas para entrar: 
a través del vidrio abovedado
veo tu silueta cimbrar, alborotarse;
luego te arrodillas,
cierras los ojos
y el fuego verde que no deja de arder
en  el centro de la tierra,
te sublima desde las plantas de los  pies
y te convierte en   humo
 primero azul,
luego rojo
y finalmente de ese verde intenso
que toman las primeras hojas del verano. 

Girarás en el alambique como una neblina
hasta que la luna caiga, 
rebote 
y vuelva a derivar por los cielos;
hasta que las estrellas me enseñen el secreto
de convertirme en una corriente helada
y sublimarte inversamente, 
primero en líquido,
luego en esa piel donde los clarines del poniente
lloran endechas y ciclones, 
primaveras azules
y un oso lento 
que se licuará  hasta chorrear 
por tu pezón derecho. 

Sigues convertida en humo; una lenta bruma
que a veces 
traza tus ojos;
que a veces
traza tu deseo  con espadas flamígeras;
que a veces
es un animal neblinoso de garras pequeñas
que graba en mi espalda y en mis nalgas
el lenguaje antiguo donde afirmas
que buscas el estado
que te precipite en mi sangre; que te multiplique
en mis tejidos,
en mis huesos,
en las catedrales de barro que se levantan
en mi esternón,
en el tuyo...

...Obervo el alambique: 
no veo el humo en que te convirtieras;
el enorme vientre de vidrio está vacío. Lo recorro
con mi piel y  mis manos,
con mis pies y mis ojos.
Descubro tu mirada que pende del silencio
que elabora agujas, 
panes,
alboradas
para beber mi sangre
y devolverla en estrellas, 
en pájaros, 
en lunas

y finalmente en lejanías. 

GOCHO VERSOLARI
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