lunes, 26 de marzo de 2018

La luna llena en tu vellón





Los monstruos laten en el aire,
en la tierra,
en los fluidos de nuestro cuerpo. Pequeños al inicio,
se alimentan con el viento
y tienen la habilidad de camuflarse
hasta el punto de no reconocer 
esa hilera de dientes que muestra el tocador,
la fila  de escamas gigantescas
que exhibe el lomo de la bañadera,
o las garras que muestra la ventana
mientras deja que la atraviese
el sol de las tres.

Desde el  entorno,
los monstruos segregan un fluido
que despierta en nuestros vientres ansias de lejanías. 
Se convierten en jóvenes esbeltos
o en doncellas sutiles
para alimentar nuestro erotismo
y a veces en la noche
descubrimos el escorzo verde del amado/a;
la suavidad de la piel 
se transforma en una aspereza de milenios. 
En mitad de la noche
lo vemos/la vemos dormir
y la interfaz del monstruo invade nuestros ojos
mientras sostenemos con manos temblorosas
un vaso repleto de luna llena: dice la leyenda
que si lo volcamos en el sexo de la bestia,
se convertirá en un punto duro, 
pequeño,
de un tono ligeramente azul
con el que elaboraríamos  una poción
que nos daría 
 la eternidad...

...duermes casi desnuda. El cuarto apenas se ilumina.
La blancura de tu piel sugiere la negrura;
por contraste.
tu suavidad evoca monstruosos caparazones de tortuga.

Sin despertarte, abro tus piernas
y vuelco la luna llena
en tu vellón.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: vagina_tree_by_atcho
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