domingo, 25 de marzo de 2018

Tu desnudez en una hoja de paraíso



En una hoja de paraíso
que se mantiene verde en el otoño, 
te conservo desnuda. Tu silueta
dibuja las nervaduras; 
al mirarla a trasluz,
te desperezas, desciendes,
te sujetas de los hilos de la tarde 
y tu risa te enmarca mientras trepas
a la lejan copa del baobab. No dejas de reír
para que persiga tus carcajadas
y tu desnudez a horcajadas de los sapos
que habitan el aire con sus cantos. 

Las blancas plantas de tus pies
me encandilan y me guían hacia tu muerte en el ápice del sol
donde termina el árbol. Deberé resucitarte con mis jugos,
con el placer que destila mi sudor. Lo hice tantas veces;
tantas veces
he conocido la belleza de tu muerte
y de tu vida. 

En el cofre con las manos unidas,
en el tenue y helado cristal de tu epidermis;
en el brillo violeta de los cielos
en el momento de resucitar,
de seguir el ascenso a los árboles
cuyas raíces se encuentran
 debajo de la luna

Y me llamas con tu risa en mitad de la noche, 
y me sostengo de los rizomas
para no caer en los lagos congelados de diciembre;
y tronchas mi dolor
cuando te tomo la cintura
y te retuerces y te enhebras en mi pecho, 
y al llegar a mis piernas 
descubres la ciudad perdida de mi sexo, 
poblada de ardillas tenues como el sol.

Bostezas en la aurora;
entonces  retornas a tu hoja,
que flameará  en el sur del árbol
hasta mi muerte
 azul 
bajo la luna de febrero.

GOCHO VERSOLARI
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